jueves, 30 de julio de 2009

La cultura del despilfarro tardará en volver


El consumidor ha pasado de la euforia al pánico - Se ha hecho más exigente y mantendrá algunos hábitos de ahorro cuando se le pase el susto - La ostentación del lujo está peor vista


"No tengo ni idea de lo que puede pasar, pero yo creo que de la crisis saldrá un consumidor diferente, con otra actitud. Hemos tocado una pared. Ahora tiene más valores, y va a ser un poco más austero, también porque va a haber menos riqueza. Pero, al mismo tiempo, será selectivo y en algunos productos siempre estará dispuesto a gastar dinero. Por ejemplo, abrir un iPod es casi un acto de amor, es tan bonito, uno se guarda hasta la caja...".

Piensa en voz alta Toni Segarra, un creativo publicitario que se dedica a pensar historias fabulosas, que caigan bien a la gente y, a la postre, animen a comprar unos productos en lugar de otros. Para el fundador de la agencia SCPF, el que preguntó a los españoles ¿Te gusta conducir? y fundó La república independiente de tu casa, las cosas han cambiado. "Todo ese mileurismo del que se habla se va a quedar en la sociedad y va a haber menos poder adquisitivo, de ahí ha nacido el low cost, para atender a toda esa gente".

Cuando un publicitario habla así, es porque algo ocurre en el mercado. Los españoles han pasado de la euforia al pánico en el consumo, se han entregado al fenómeno del bajo coste y han empezado a ahorrar en pequeñas cosas, como comer en casa o llevarse la fiambrera al trabajo (esto, por ejemplo, ha crecido un 8% en un año).

Unas costumbres se quedarán y otras se olvidarán tan rápido como resucite la economía. Pero economistas y sociólogos coinciden en que hay un punto de inflexión en los hábitos, y aunque el hedonismo sobreviva tozudo, empieza a beber de nuevas fuentes, en el idioma económico, de nuevas oportunidades de negocio.

La reflexión irrumpe en la resaca de la fiesta económica. La espiral de consumismo, de acumulación de bienes en un país maravillado con su explosión económica se refleja en cómo entre 2005 y 2007 brotaron como setas los centros con cientos de trasteros de alquiler de entre dos y 25 metros cuadrados, conocidos con el anglicismo de self storages. La gente se lanzó a alquilarlos porque sus posesiones crecían y no tenían espacio en viviendas que, al mismo tiempo, eran cada vez más pequeñas y más caras. Esta disfunción dibuja muy bien la distorsión económica que ha vivido España. Barcelona vio abrir una decena de estos grandes centros en apenas dos años y en Madrid su precio de compraventa se duplicó entre 2002 y 2006.

"La psicosis durará seguramente más que la crisis, así que vamos a ver un consumidor más prudente en el futuro. Ahora va a haber una bajada de la renta disponible de las familias que luego se recuperará, el consumo también, pero desde luego no se va a repetir una etapa tan expansiva como la de los últimos 10 años, el escenario será más contenido", dice Xavier Segura, jefe del servicio de estudios de Caixa Catalunya.

La entidad ha previsto para este año la primera caída de la renta de las familias en 15 años. En concreto, prevé un descenso de un 2,7% en términos nominales (es decir, sin contar el efecto que tienen las oscilaciones de los precios de las cosas) y el 2,3% en términos reales, considerando la inflación. Y la tasa de ahorro de los hogares es precisamente ahora, en pleno declive, cuando no deja de crecer (ver cuadro).

Se trata, en resumen, de que habrá menos dinero para gastar durante algunos años. Pero también, según el profesor de IESE José Luis Nueno, menos necesidad de hacerlo después de una época de aprovisionamiento de casi todo. Como si de empresas se tratara, los españoles han acumulado stocks de múltiples bienes en los últimos años que ahora se tendrán que agotar antes de ser repuestos.

Nueno, experto en consumo, realiza unas pruebas de mercado en las que se cita en casas particulares para auditar sus posesiones. "Les decimos que sólo les queremos entrevistar y miramos sin avisar lo que guardan en los armarios: encontramos piezas por duplicado, triplicado... Prendas de ropa con las etiquetas, sin estrenar", explica sorprendido. "¿Va a volver el consumidor a ser como era? Probablemente no, porque nos han tirado un jarro de agua fría por encima. Éramos un milagro económico y ya no, pero el gasto volverá en cierto punto".

El placer más o menos efímero que el consumo genera no tiene visos de desaparecer, pero el consumismo no es algo consustancial a la persona, "es consustancial a nuestro sistema económico, que sólo puede sustentase sobre una sociedad que nunca deje de comprar", se apresura a matizar el psicólogo Javier Garcés. […]

[…] La dialéctica entre austeridad y despilfarro es una constante en los ciclos económicos, por ello el consumo creció un 3,8% en 2007, sólo avanzó un 1,4% en 2008 y ha empezado a bajar. Pero el giro que ha dado el consumidor español en los últimos años también tiene algo de estructural. Tal y como apunta Josep Francesc Valls, el ciudadano "ha aprendido a comprar los productos más baratos. Cuando viene de una época de crisis, el aprendizaje dura muchos años y las empresas van a tener que aportar cada vez más valor a precios más ajustados".

Ello explica, por ejemplo, que la cuota de mercado que tienen los productos de marca blanca en los supermercados españoles haya escalado hasta el 32%, o que, de todos los pasajeros de aviones que han pasado por en España el pasado mes de junio, el 51,7% lo haya hecho en aerolíneas de bajo coste, 2,6 puntos más que en el mismo mes del año pasado.

Una parte del hábito de ahorro se queda. En Barcelona, ha ocurrido con el consumo de agua. Cuando una severa sequía acosó la provincia el año pasado, la comunidad se concienció lo suficiente como para reducir su consumo de agua y se adoptaron medidas de emergencia. Ha llovido bastante desde hace un año, en sentido literal, y la alarma ha pasado, pero muchas de las fórmulas adoptadas se mantienen. El gasto de agua ha bajado de 110 a 109 litros de media por ciudadano y día.

Lo recuerda Albert Vinyals, profesor de Psicología Social del Consumo de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), para remarcar que "vamos a adaptar muchas de las nuevas pautas de consumo que hemos adquirido con la crisis".

[…] Aun así, Vinyals está convencido, como el profesor de Esade Josep Francesc Valls, y como el publicista Toni Segarra, de que ciertos "productos clave" siempre se harán un hueco en las prioridades de los ciudadanos, tengan más o menos poder adquisitivo. "Porque son los productos que aportan más valor añadido, más relacionados con la búsqueda de placer", apunta Vinyals.

Artilugios como los iPod, los iPhones o las consolas Wii han triunfado en el mercado español como estragos ha hecho la recesión económica. En plena crisis, en julio del año pasado, Telefónica lanzó el modernísimo teléfono iPhone de la marca Apple y se desató la locura: miles de fans de esta tecnología hicieron cola para adquirir uno el primer día en que se pusieron a la venta. Se acabaron las existencias en muchas de las tiendas. Sus ventas globales han superado las expectativas.

Pero, salvo los pequeños tesoros fabricados por la industria del marketing, en todo lo demás, las familias, o los individuos, son hoy mucho más recelosos. "El consumidor se ha dado cuenta de que ha estado pagando las cosas a unos precios que no eran los adecuados y ahora es mucho más exigente. El pequeño comercio ha oído este mensaje", opina Miguel Ángel Fraile, secretario general de la Confederación de Comercio de España.

Por ello, esta sensación de "rebajas continuas" que ha creado en el sector con la campaña de promociones y descuentos que han estado aplicando durante todo el año, con el fin de animar las ventas en un momento de caída del consumo, quedará de alguna manera en las estrategias de los comerciantes. "A partir de ahora va a haber menos diferencias entre la época de rebajas y la que no lo es, hay un cambio de paradigma", opina.

Pero el gran cambio de esquema, el fin de la cultura de consumo, parece improbable. Al menos, si depende de giros sociológicos o ideológicos. Javier Garcés opina que "este modo de vida puede cambiar por cuestiones de necesidad, porque se acaben los recursos o porque mantener este tren de consumo sea insostenible en el planeta, pero no hay ningún movimiento revolucionario de los jóvenes por cambiarlo pese a la existencia de algunas plataformas o iniciativas como el Día sin Compras".

Al revés, apunta que el hábito del consumo se ha extendido a otras áreas, como las relaciones personales. […]

Todos estos datos se estrellan contra los armarios llenos de prendas sin estrenar con los que se encuentra el profesor Nueno en sus estudios de mercado. Porque la sociedad hedonista, la doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida, vaticina Vinyals, "va a seguir, y buscará ese placer consumiendo, aunque puede ser distinto, viajando, haciendo cursos de ganchillo, incluso, pero seguirá".

AMANDA MARS 30/07/2009
Fuente: El País

viernes, 17 de julio de 2009

El ‘consumidor’ que ya no está por ‘consumir’












El modelo de consumo basado en abundancia de producción y compradores se agota. Vamos hacia a un planteamiento colaborativo, en el que condiciones y productos son inducidos por los compradores, y no ‘inoculados’ como hasta ahora.

Publico este post (publicado originalmente en Baquia)a partir de un comentario a La revolución de los compradores, publicado hace unos días en este blog (Baquia de nuevo).

Los consumidores se agrupan y ‘hacen lobby’ prácticamente desde que existen como tales. Pero lo que hasta ahora no existía era la capacidad sistemática de agregar ‘demanda’, para -en un segundo paso- buscar una oferta que la cubra. Esto sólo es posible al producirse un cambio en el comportamiento del consumo (que está en declive desde hace tiempo como concepto ‘pasivo’) y a una sobrecapacidad de producción y stocks, resultado de muchos años de endeudamiento casi gratis para todos.

El ejemplo de los pisos es paradigmático, pero resulta aplicable a muchos otros sectores. Si alguien fuera capaz de agregar a los compradores de pisos que existen de forma segmentada y atendiendo a sus deseos, podría dirigirse con esa demanda a los que tienen los pisos para obtener condiciones ventajosas. Tener la demanda ‘bajo el brazo’ te habilita para ‘romper’ mercados.

Los portales inmobiliarios, y tantos otros ‘escaparates’ que existen a todos los niveles hacen justamente lo contrario: son catálogos infinitos basados en oferta. Son el reflejo de un mundo basado en abundancia de compradores que tiene su inercia, pero que se acaba. Este mundo impone la extinción o adaptación urgente a los grandes organismos que lo han poblado.

El segundo factor o tendencia clave lleva ya tiempo funcionando. Las personas toman la mayor parte de sus decisiones de compra basadas en recomendaciones o conversaciones con personas de confianza, y aceptan cada vez peor la imposición de condiciones -y especialmente la falta de capacidad de elección-.

El tercer factor (el tecnológico) se une a lo anterior. Al principio las personas se agruparán para comprar mejor, pero con el tiempo el público aprenderá que el verdadero poder reside en el dinero que gasta para comprar, y en los impuestos que paga.

El ‘modelo’ girará progresivamente del planteamiento push de ahora -“Te decimos a todas horas lo que debes comprar y a callar”-, a un planteamiento mucho más colaborativo en el que condiciones -y productos- son inducidos por los compradores, y no ‘inoculados’ a través de diversos terminales mediáticos.

El consumo ‘responsable’ es sólo un factor más en el proceso de desaparición del modelo tradicional. Naturalmente que más y más gente comprará con arreglo a criterios responsables, pero ante todo comprarán lo que les permita 1) llegar a final de mes, y 2) tener una experiencia feliz.

En cualquier caso el camino es todavía muy largo, y no es una línea recta.

Blog: http://luisgarciadelafuente.com/
Luis García de la Fuente es CEO de LastInfoo

Fuente: Baquia
Ilustración: Campaign Brand Liberation ADBUSTERS

martes, 7 de julio de 2009

La lucha contra la droga se apunta al 'marketing' viral

La audiencia ha decidido, con un 57% de los votos, que Isa destine sus 5.000 euros ahorrados a cambiarse las tetas y no a operarse la vista.

La duda de Isa sigue colgada en www.tetasovista.com, que es, en realidad, la iniciativa ganadora del concurso hazruido.com, dedicado al marketing viral en la red.

Internet, pese a sus crecientes audiencias, sigue siendo el pariente pobre de la publicidad. A la televisión fueron el pasado año 2.998 millones de euros, según Infoadex; a los periódicos, 1.508. A Internet llegaron 610 millones, pese a que la gente le dedica 12,1 horas semanales, frente a las 11,7 de televisión, 10,9 de radio y 4,4 horas a los periódicos.

Lo que le falta en anuncios le sobra en repercusión pública. Por eso, las agencias publicitarias apuestan por esa capacidad de comunicación de Internet. El marketing viral pretende alcanzar la máxima expansión con el mínimo coste y en el menor tiempo. El creador de tetasovista.com, Francisco José García, comprobó el éxito de su reclamo online, aunque "nunca hubiera asociado un producto comercial a esta web. Si la gente descubriera que era publicidad de una óptica o de una clínica de estética, podría tener un efecto contraproducente por sentirse engañados".

Medir la eficacia

La Agencia Seis Grados nació con la intención de explotar el mundo online en sus proyectos. Su director comercial, Fernando de la Rosa, cree que la baja inversión en publicidad en la Red se debe a que "a muchas marcas les parece arriesgado, en época de crisis, apostar por Facebook o Twitter".

De la Rosa cuenta que los departamentos de marketing de las empresas "tienen miedo de no poder controlar la eficacia de estas campañas". "Pero disponemos de dos herramientas para hacerlo", añade. Una de ellas es Nesuus, que contabiliza cuántas veces aparece el nombre de una marca en blogs y redes sociales. Sobre estos datos, otra herramienta, Asomo, clasifica los comentarios positivos y negativos del producto.

La cualidad viral de una campaña la otorga el público, que extiende por sus redes de comunicación lo que ha visto. El 27 de mayo comenzó a emitirse un spot televisivo que parecía anunciar un filme de terror, Bad night. La semana pasada la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) explicó que no existía ninguna película, sino que el vídeo, dirigido por Álex de la Iglesia, formaba parte de su nueva campaña publicitaria.

"Lo hicimos con la pretensión de que se convirtiera en viral", explica el director técnico de la FAD, Ignacio Megías. En tres días, se produjeron 16.000 descargas. En la fundación creen que, por primera vez, han conseguido contactar con la población joven y su lenguaje. "Utilizamos el terror para llamar la atención y después varias aplicaciones web como descargas de sonidos, foros y clips audiovisuales para establecer un diálogo e informarles de manera más neutral", justifica Megías. La FAD descubre así una vía por la que, aseguran, van a seguir apostando.

Algunas veces no queda claro qué producto se promociona o quién es el emisor de un anuncio. Fue el caso de la campaña de la MTV Amo a Laura, que empezó a difundirse por televisión. Su éxito hizo que meses más tarde la agencia que la había diseñado, BBDO, recibiera un encargo de las Naciones Unidas para crear un plan de comunicación contra la pobreza. Tomás Ferrándiz fue uno los responsables: "El objetivo era crear un revuelo mediático, y lo conseguimos con creces".

En octubre de 2006 aparecía en Internet un vídeo que mostraba cómo tres encapuchados robaban del Congreso el escaño de Zapatero. Algunos medios de comunicación publicaron la información como cierta; en dos días, medio millón de personas se descargaron el clip. ¿Fue un engaño? Según Ferrándiz, no, "porque al final sabes que se trata de marketing y quién está detrás de él".

La publicidad en televisión -regulada por leyes y códigos deontólogicos- no lo hubiera podido hacer sin advertir (en letra pequeña) que todo era ficción. En ese sentido, el marketing viral en Internet es mucho más libre para jugar con los equívocos.

Selva María Orejón dirige Onbranding, empresa especializada en gestión de marcas online, y es vicepresidenta de la Asociación Española de Responsables de Comunidad Online (AERCO). Ella está convencida de que las redes sociales deben ser "el lugar donde estén todas las empresas, marcas e instituciones a través de perfiles de usuarios, grupos, aplicaciones...".

Para Orejón, un buen ejemplo de estas empresas es Dunkin' Donuts, con 428.946 fans en Facebook, canal propio en You Tube, y una cuenta en Twitter de 7.500 seguidores.

Pero el marketing viral no es la panacea, hay que trabajárselo. Orejón tiene la clave de una buena promoción online: "Aplicaciones que generan un contenido útil, que pueda ser compartido entre amigos, que sea divertido y que aporte un valor".



fuente:El PAIS